Vistalegre.- Roca Rey (Ov, 2Or, Ov)
Andrés Roca Rey, Pablo Aguado
19 de mayo de 2021
19:00
VISTALEGRE
Calle de Matilde Hernández
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EL MUNDO .- Zabala de la Serna
La sangre contra el poder y la belleza

A Roca Rey se le desdibujó la faz de su insultante superioridad de dios de la guerra al saber de la mortalidad de los hombres. En los albores, de la tarde Juan José Domínguez cerraba el tercio de banderillas, dejándose mucho ver. Como en el primer par, pero por el pitón izquierdo. El toro de Vegahermosa esperaba mucho. Tan escarbador y metido entre las rayas. Expuso todo el peón de la cuadrilla de Roca Rey. Y no se escapó. Pero lo peor no vino cuando lo prendió, sino cuando en el suelo Domínguez intentó levantarse en la misma cara del cinqueño. Que no perdonó. Lo cogió por el mismo pecho y lo zarandeó como un guiñapo. Y, cuando parecía que ya lo soltaba, quiso huir y ponerse en pie. Lo que nunca hay que hacer. Otra vez fue presa de las astas ciegas, de la furia que no obedecía capotes. Un revoloteo inútil de cuadrillas. Cuando por fin se lo quitaron de encima, Domínguez se agarró el tórax. Y no lo soltaba mientras lo conducían a la enfermería ante el terror de la plaza entera.

Quedó un ambiente sombrío y lúgubre difícil de superar. Pablo Aguado ensayó un esbozo en sucio de la verónica. Roca Rey respondió por impertérritas saltilleras. El bruto de Vegahermosa no quería darse, pero el sitio pisado y el poder esgrimido por el crack que vino del Perú extrajeron todo su renuente fondo como con tenazas. RR impuso su ley y una estocada como un puñetazo en la mesa. Incomprensiblemente el presidente le negó el justo premio de la oreja. De la enfermería salió un parte de urgencia tranquilizante: la cornada de Domínguez no había perforado órganos vitales. Desgarro pectoral, un par de costillas, un milagro.
Entrados en el acto de Garcigrande, Roca Rey puso de nuevo sobre el tapete una superioridad insultante. Desde que meció la embestida a la verónica lentamente –iba a escribir que más despacio imposible pero luego Pablo explicó que más despacio era posible– y soltó una mano como si jugase al toro en el patio de su casa. Una pintura se hacía el garcigrande, un derroche de bondad, esa forma de embestir por abajo. De tan bueno, demasiado bueno. RR arrancó faena de rodillas. Y, en pie, sobre la derecha cuajó varias tandas redondas. De trazo, ajuste y templanza. Pero por la mano izquierda bajó la obra de tono. La embestida se dormía en los vuelos y él, a falta de la chispa que necesita, insistió en el toreo al natural. Que no trepaba. Sacó la faena del valle con un escalofriante cierre por bernadinas. Y tumbó al santo Semillero de un espadazo. Esta vez sí rindió al palco, que compensó ahora con las dos orejas.

EL PAIS .- Antonio Lorca
Roca Rey cortó dos orejas e impuso su autoridad, su entrega y su poderío en el mano a mano

Y la autoridad, el poderío, el dominio, la quietud y el mando lo puso un privilegiado para el toreo llamado Roca Rey. Puede gustar más o menos; no es un artista, pero sí un torero poderosísimo, que encuentra toro en cada oponente, baja la mano y obliga a embestir.

Se lució muy variado con el capote, impuso su concepto a su encastado primero con una entrega sin límites, y protagonizó una faena completa ante su segundo, un buen ejemplar de Garcigrande, bravo, encastado y noble, con el que ofreció todo una lección de poder y conocimiento. Alargó su labor, que no alcanzó el eco deseado porque su toreo carece de pellizco, pero unas bernadinas ceñidísimas finales acabaron por convencer al respetable. Ante el aplomado y clase que hizo quinto, otra muestra de total suficiencia.

 

ABC – Andrés Amorós

Tarde de drama y triunfo en Vistalegre: cornadas a Aguado y Domínguez; dos orejas a Roca Rey

Sale el primero, Juguetón, de Vegahermosa, número 19, negro, de 535 kilos. Escarba y echa las manos por delante. Un grito de «¡hay que devolver los inválidos!» antes del tercio de varas. Se cae en el capote de Roca Rey, pero se cambia el tercio y algunos se mosquean. Tarda Aguado en entrar al quite y Roca le invita a pasar con cara de pocos amigos. Verónicas con sabor, aunque no puedan salir limpias. En el mismo platillo se planta la figura peruana con arrogancia en un quite por saltilleras. En banderillas, Juan José Domínguez, que antes había dejado un capotazo enorme, expone y sufre una brutal cogida. Escalofriante. Al intentar hacer la croqueta, lo coge de feísima manera, lanzando derrotes por todos lados. Se ceba literalmente con el banderillero de modo atroz. Cuando lo cogen en volandas, se lleva la mano al pecho. Conmoción tremenda en los tendidos. «Anda con el inválido…», se oye.

En medio del escalofrío que trepaba por los asientos, nació estoico el prólogo de Roca por estatuarios y de dominio fue la primera tanda diestra en los medios. Y si mando hubo con la mano de escribir, no menos autoridad hubo con la zocata. Bárbaro el limeño, con seguridad y ligazón. En los medios transcurrió toda la faena, hasta acabar entre los pitones aprovechado hasta la última gota del buen fondo del vegahermosa. Se tirar a matar y entierra una estocada un punto caída. Incomprensiblemente, el presidente deniega la oreja pese a la petición. […]

Semillero se llama el tercero, de Garcigrande, número 86, negro, de 545 kilos. Con cuello para embestir, metió la cara en el capote de Roca, que lo imantó en el remate. Brindó al público y comenzó con un pase cambiado por la espalda. De rodillas se echó por el mismo palo y continuó toreando mientras la emoción crecía. Miguel, recién salido de un examen de Naturales, con preguntas sobre la energía, aplaudía antes de que rematase las series. Toda la energía la irradiaba el peruano. Insultante, al natural dejó una serie de trazo largo y mano baja de mando mayor. Bueno el toro de Garcigrande, al que Roca Rey le dejaba la muleta adelante y puesta. Por delante y por detrás, con esa difícil facilidad de los elegidos. Con valor de ley, aguantó parones y remató con el de pecho mirando al tendido. Las bernadinas cambiándole el viaje, con un ajuste brutal, quitaban el hipo. Lamían los pitones el terno blanco y oro. Bellos y toreros el desdén y las trincherillas. Sencillamente extraordinario Andrés Roca Rey. Espadazo, pelín delantero. Dos orejas. Palmas al toro en el arrastre.

LA RAZÓN .- Rodrigo Carrasco
Roca Rey alcanza el clímax entre milagros

El primero y único de Vegahermosa no mostró peligro aparente en el primer tercio, perdiendo las manos en varias ocasiones, pero fue en banderillas, donde no se esmeró en el primer encuentro, cuando sorprendería a Juan José Domínguez atropellándole violentamente. Pero después de arrollarle, ante la impotencia del resto de la cuadrilla el toro se celó con el banderillero y le volvió a alcanzar hasta en dos ocasiones, una de ellas brutal. El astado le enganchó por la chaquetilla y lo mantuvo en el aire durante varios segundos. Roca tiraba desesperadamente de la cola del animal mientras presenciaba la terrorífica imagen. Una paliza tremenda. El rehiletero, mientras era trasladado de urgencia, a la enfermería capitaneada por Enrique Crespo, se llevaba las manos al pecho, temiéndonos lo peor. Pero llegarían buenas noticias de la enfermería, la cornada no había afectado a vasos ni órganos vitales. Un verdadero milagro.
Roca sin querer entender lo sucedido como una advertencia se plantó en los medios citando a su oponente por estatuarios. Regresaba la tauromaquia del peruano a Madrid dos años después, sin perder ni un atisbo de emoción y entrega, antes se había llevado el capote a la espalda por gaoneras, cambiando la trayectoria del animal en el último suspiro haciendo temblar a la plaza. Las deficiencias que el Vegahermosa había mostrado en el capote desparecieron en la muleta, teniendo recorrido y regalando embestidas profundas. Roca dibujó alguna tanda sin apenas colocarse, como ejecutando un muletazo que no tenía fin, con absoluta ligazón.
Sin embargo, la faena del primero, condicionada por el terrorífico percance del banderillero de Roca no alcanzaría las cotas del tercero. En este Roca no reservó ni un ápice de su personalidad, tirando del tercero, del hierro de Garcigrande por ambos pitones, siendo especialmente bueno por el derecho. El peruano se expuso y se cruzó, recibiendo más de una mirada del Garcigrande, que no asustaría a Roca. La estocada entera le haría recibir dos aclamadas orejas, de mucho mayor peso que las de Luque el martes.

MUNDOTORO.- Carlos Ruiz Villasuso
El poder absoluto y la rebeldía del arte

En un escenario hermoso al fin, esperada esta tarde como icono de casi todo, se enfrentaban (dicen) poder y arte. En esa querencia insana de dar a uno para quitar a otro, tan hispana, no entra el toreo. Entra la gente. De la tal forma es así, que la corrida quedó secuestrada por una brutal cornada del primer toro al banderillero Juan José Domínguez, que puso una manta encima de una faena sobresaliente de Roca Rey. Y terminó con otra cornada a Pablo Aguado, que entró derechito a matar, quebrando feo el final de una tarde de pasiones encontradas. El poder absoluto demostrado hoy y dese hace tiempo por Roca Rey, conquistando a un público detrás de la mata, no anula el toreo sublime, cumbre de lentitud y compás de Aguado, sin un solo toro para hacer algo más. El toreo siempre ha sido así: el poder absoluto de un toreo profundo sigue siendo hermano de sangre de la natural, frágil y natural insumisión del arte.

Con toros aptos para esta plaza por trapío, razonables excepto en la edad, romper a embestir, lo que se dice, romper, uno. El tercero, de Domingo Hernández. El resto, con un primero de Vegahermosa de mucho fuego en banderillas, pero más humo en la muleta, de fondo escaso y bravura corta. Ya en el paseíllo se sabía a que venía cada torero, rompiendo hostilidades Aguado al irse al quite en el primero de Roca Rey, que no quiso saber nada de embestidas empleadas. La respuesta del peruano fue echarse el capote a la espalda. Hubo otro cruce de espadas eligiendo la misma bala del mismo estuche de duelistas, por chicuelinas, en el segundo de la tarde, que escaseó en todo menos en feo estilo. Mucho hierro ilustre y cierta cura de humildad.
A pesar de la condición del primero, reservón, metiendo la cara entre las manos, apretando hacia adentro, la faena de Roca Rey tuvo un fondo de gigante. Se había dejado ver Juan José Domínguez en un par y el toro lo prendió y hasta tres veces hizo por el derrotando en costado y pecho. Un drama de largometraje. Encogidos los corazones, Roca Rey se ancló por estatuarios pacientes en el ir y huir del toro, terminando con dos pases por la espalda antes de irse a los medios a darle celo y mando en dos tandas rotundas con la mano derecha. Ese poder absoluto le había de anclarse con el compás abierto, muleta muy por abajo y nunca ganar o perder un paso. Un imán la muleta, un eje el cuerpo en una faena de kilates para la que pidió la oreja, pero que no se concedió.
Tuvo el cuarto, de Domingo Hernández, el fondo que no tuvieron los demás. Con plaza, astifino, tomó un puyazo de bravo, esperó en banderillas y rompió por derecho en una faena iniciada de pie en el centro del ruedo, de rodillas en el tramo central, rematada con molinete y pase de pecho. Allí mismo le ligó tres tandas de aúpa de una exigencia superior, soberbia la ligazón, vuelos por debajo de la pala del pitón. Un estatuario, un pase cambiado, y un toreo con la zurda de la misma guisa, al que, esta vez pareció que era mejor más sitio, menos poder absoluto. La respuesta del público fue matizada. Rompía a medias ante la visualización de lo magnífico. Puede ser porque el toro, de un fondo sublime y uniforme, pero sin carbón, restara algo. Listo Roca Rey, terminó con escalofriantes bernadinas cambiando el viaje antes de un espadazo. Ahí se entregó el público para las dos orejas.
Tuvo la tarde una gráfica quebrada entre el horror de la visión de l percance de Domínguez, el hielo a ultima hora de la cornada a aguado, el lento deshielo hasta la entrega a Roca Rey y la apoteosis capotera de Aguado. Todo cabe por toro es toreo. Tratar de elegir entre poder y expresión, arte y valor (dicen) es tanto como decir que Aguado no tiene valor y que Roca Rey no tiene arte. Un simplismo del que el pitón del toro no entiende. Al hule Aguado por demostrar valor. De una sequía de casi dos años venía Roca Rey a causa de una cogida. Cuando llegó Aguado en volandas, terminaban de operar al banderillero. Y en esa puerta a la que nadie quiere optar, se quedó Roca Rey reclamado por esa hermandad de sangre que es el toreo. Lo demás, es cosa de la gente.

 

Cultoro.- Por JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO

Hubo sangre, pero hubo vida; hubo duelo, pero hubo compañerismo. Lo que no hubo fue mentira: todo fue de verdad. Hubo sinceridad y mucha en Roca Rey, el hombre de la tarde; y la hubo en las verónicas de trazo limpio y natural de Aguado que son ya el mejor toreo de capote de toda la Feria.

Que no se te vaya el valor por el agujero que acabas de ver en la persona con quien compartes vida a diario es, sólo, de superhombres. Es sólo de toreros al alcance de Roca Rey, capaz de sobreponerse al ambiente opaco y soltarle el inicio de faena que le dio al toro que acababa de coger a su banderillero. Horrible fue la cogida de Domínguez; quedó un malestar evidente en el ambiente enrarecido, del que emergió su torero para soplarle esos estatuarios y sacarlo por delante y por detrás con pasmosa seguridad. Pero fue aún mejor cuando el toro fue claudicando al poder del peruano, que fue cuando lo cosió a la mano diestra y terminó entregado el animal al ritmo del joven. Mucha pureza la de Andrés, que fue paseando su gobierno muy de frente por delante de la cara del animal en un momento en que acababa de cornear a su peón de confianza.

Y aún estaba por llegar lo mejor, porque el tercero le ofreció la codicia y el motor perfectos para que Andrés hiciese el toreo de mano baja que el humillador animal le iba pidiendo y, aunque no terminó de cuajarlo por abajo al de Garcigrande, dio un espectáculo de valor y firmeza con él. Por cambiados en el centro primero en pie y luego de hinojos inició una faena en la que por ambas manos ligó al bravo de Justo. Final por circulares y espeluznantes bernadinas. Estoconazo y dos orejas. Acababa de hablar Andrés.