Huelva.- Roca Rey corta dos orejas y sale en hombros en el cierre de Las Colombinas
3 de agosto de 2021
20:00
Huelva
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Sin celo y distraído salió el segundo de Juan Pedro de toriles, al que Roca Rey recibió de forma variada por chicuelinas y tafalleras. Sin estar definido y sin apenas estar picado, Roca Rey comenzó su faena de muleta de rodillas en una serie que conectó con un público que se puso en pie tras el inicio y entró de lleno en la labor del peruano. El de ‘Juanpedro’ embistió a media altura, saliendo desentendido, en ocasiones, y costándole mucho repetir las embestidas a partir del segundo muletazo. La contundencia de Roca Rey en una serie sobre la diestra, rematada de dos arrucinas, aminoró el empuje del toro, que se vino a menos. Fue en ese momento, cuando Roca Rey se metió entre los pitones con un valor impávido, y recibió un pitonazo a la altura de la axila, afortunadamente, sin consecuencias. Dejó una estocada y paseó las dos orejas.

El quinto fue el astado más complicado y deslucido del encierro, que no quiso tirar de verdad para adelante.Roca Rey intentó dar celo al astado en las primeras series con una embestida muy descompuesta. Faena complicada para ligar los muletazos, cuya complejidad residía en lograr muletazos limpios. Lo consiguió el peruano en una faena de tragar mucho y poco lucimiento. Remató la faena en terrenos de cercanías, antes de dejar una estocada y saludar una ovación.

 

El Mundo

A las 20.50 Roca Rey detonó la plaza. De rodillas clavado en los medios fue acortando terreno. El toro de JP caminaba a su bola por el tercio. Ya había hecho dos amagos de fuga a la querencia. Y eso que RR había ordenado no meterle ni las cuerdas en el peto. Estaba entero. Y por delante su longitud de pitón infundía un respeto. También su alzada. Cuando por fin se centró en el peruano, atacó con todo el ímpetu de su entereza. La ronda de redondos arrodillados electrificó los tendidos, erizados como una ola de púas. Al margen de la fuerza y la emotividad, la curvatura del trazo sumó voltaje. Las dos siguientes series de derechazos, ya en pie, mantuvieron la tensión. Como el toro la velocidad. Que no el ritmo. Embestía con esa cosa bravucona de los mansos, que le duró hasta ahí. Una arrucina deslumbró entre tanto. Ya el resto de la faena, desde que el toro le puso el pitón en la axila en un desarme de pecho, se sostuvo sobre el valor de piedra del torero, que pisó los terrenos volcánicos rascándose las femorales con las puntas. La travesía de la estocada delantera necesitó un golpe de descabello. Cayeron las orejas con la potencia de aquella explosiva tanda de hinojos.

 

ABC

 

Y Roca volvió a ser el Rey. Su primero salió tan complicado para sentirse a la verónica como ideal para desempolvar su mejor versión. Con las querencias muy marcadas, la velocidad de un galgo y la sensación de que allí había un claro peligro. En el popurrí capotero que aunó chicuelinas con tafalleras nos estremeció a unos cuantos. El desasosiego en los tendidos iba a ser la tónica general de la faena. Hasta en el tercio de banderillas, cuando un pundonoroso Juan José Domínguez se jugó el tipo cuarteando al sesgo en la mismísima puerta de chiqueros. Mucho tiempo estuvo Roca de rodillas en los medios. Él, tan natural; nosotros, tragando saliva. Aquello se iba a arrancar como un reactor. Todos lo intuíamos. Y así ocurrió. Pero ante él había un tío al que le arrastran. Le pegó tantos derechazos como hicieron falta para quitarle ese genio. Cada cual más templado. Y se levantó siendo él. Con esos arrogantes flequillazos que encandilan al tendido y encogen a los animales. Aquello fluyó mientras la gasolina duró. Que fueron dos tandas muy potentes. Después, esos dos astifinos pitones como navajas navegaron por la plata peruana. ¡Y cómo lo mató, señores! En un palmo de terreno, sin opción de salir najado.La muleta a la pezuña, un segundo para que humillara y la estocada hasta la gamuza.