Las Ventas (Madrid) – Roca Rey, pierde la puerta grande con la espada tras una grandiosa faena.
19 de mayo de 2022
Madrid

En la primera actuación, del ‘ciclo isidril’ del 2022, del primer figura peruano y en la primera plaza del mundo, las emociones estuvieron a flor de piel y así lo contaba Antonio Lorca, en el diario donde es, también, primera firma; ELPAÍS:

Puede gustar más o menos el joven torero peruano, pero no se le puede negar sus ansias de encaramarse a la condición de figura. Y ha hecho el paseíllo en Madrid con la firme convicción de darlo todo, de exponer al máximo, de dar ese paso definitivo que diferencia a los buenos toreros de los que pretenden marcar una época. Son conocidos los defectos de Roca Rey, pero también se deben tener presentes sus cualidades, que son muchas, responsables de que ocupe un primerísimo puesto en la tauromaquia actual.

Dotado de un valor ilimitado, llegó dispuesto a romper los esquemas de la lógica, olvidarse del viento molesto, pasar por encima de la condición de sus oponentes y con la única mirada puesta en la puerta grande… valores que condicionan e impulsan una carrera hacia el éxito. Si mata bien al sexto toro, es indudable que hoy se estaría hablando de una puerta grande, discutible quizá, pero fundamentada en cimientos sólidos.

Roca Rey apareció en Las Ventas para salir a hombros, y se encontró con el viento, un primer toro incierto, muy desigual y de corto recorrido y, encima, un bajonazo infame. Recibió al sexto con unas airosas verónicas bien rematadas con una media; el animal cumplió sin alharacas en el caballo y no facilitó la labor de los banderilleros. Pero a Roca Rey le importó poco lo sucedido. Tomó la montera y se fue a los medios a brindar la faena después de una tarde de bochornoso aburrimiento por el desigual juego de los toros de Victoriano del Río.

Se plantó de rodillas en la segunda raya del tercio, y allí esperó al toro con un pase cambiado por la espalda, tres derechazos y un pase de pecho ya recuperada la verticalidad. La plaza crujió de emoción, en parte por entrega del torero, y en parte porque era el primer pasaje verdaderamente emocionante del festejo.

Roca Rey supo que ese era el camino para el triunfo. Bajó la mano derecha, se olvidó de la ventolera, se plantó en el terreno adecuado y aprovechó la pastueña embestida de su oponente para muletear despacio en dos tandas que supieron a la mejor versión del torero peruano. Muy despacio, entregado, hondo… como casi nunca se ha visto a este torero. Siguió por el buen camino una tanda de naturales adobada por un pase cambiado y otro largo de pecho. La plaza, a estas alturas, era un verdadero clamor. No había toreo de altísimos vuelos que lo justificara, pero sí la disposición, el pundonor, el arrebato y el temple de un hombre decidido a llegar a lo más alto.

Aún hubo dos tandas más, el toro más apagado, con los pitones en la taleguilla, y los tendidos rendidos a los pies de quien estaban izando a hombros en su certera ilusión. Pero falló con la espada, sonaron dos avisos y todo se emborronó. Quedó, claro que sí, una encomiable actitud de figura.