Roca Rey: “Yo no elegí ser monje, yo elegí ser torero, por eso me cuido al máximo”

APLAUSOS- José Luis Benlloch

Aquel niño que llegó desde Perú con apenas catorce años, solo, ligero de equipaje, agarrado a una ilusión, ser el número uno, es todo un mandón, diríase que una estrella que impone la ley de los tragos fuertes en un mundo en el que se cotiza al alza la emoción. Roca Rey ha levantado el Vuelo-2022 con la misma fuerza que dejó su travesía 2021, si acaso con más templanza porque como él mismo asegura “el tiempo me ha atemperado el alma, me ha dado sazón”. Triunfador oficial de las pasadas Fallas, triunfador en Castellón, en Arles, en Pozoblanco, en Olivenza… Habla con Las Provincias desde el aeropuerto internacional Adolfo Suárez a punto de embarcar rumbo a Méjico. Aguascalientes, Mérida y de nuevo Aguascalientes, tres citas en apenas una semana a modo de preámbulo de la Feria de Abril.

-Si reunimos Valencia, Castellón y Roca Rey, la combustión, se ha demostrado, es pura pólvora, diría que lo que toca.

-Son plazas en las que siempre me gustó torear. Cuando me anuncian nunca es un día más. Valencia ha significado muchísimo para mí, siempre lo digo porque es verdad, es un sentimiento.

-Después de tu paso por Fallas en tarde tan desapacible hay que preguntarse si el viento y el agua son de verdad tan enemigos del torero como se dice.

-Es difícil torear con aire y con lluvia, tantas adversidades dificultan más las cosas pero si estás dispuesto a entregarte, la afición también se entrega más. Y con ese ambiente y con esa respuesta te digo que merece la pena exponerse. Cuando puedes subir una montaña tan peligrosa y pasarla con un triunfo, es bonito.

“Ante el toro, cuando te olvidas de la cabeza es cuando surge la magia”

-¿Cómo te inhibes de esas circunstancias, o no lo piensas?

-Claro que lo piensas pero intentas activar tu mente. En cualquier situación a la plaza se va mentalizado, tienes que saber que te puedes encontrar con esas adversidades y que a pesar de todo la corrida se va a dar y uno tiene que adaptarse tanto al toro como al mal tiempo. Y es importante asumir que te tienes que adaptar porque si no habría excusas todos los días para no ponerte en el sitio en el que hay que ponerse y entonces…

-Entonces no serías Rocas Rey.

-Eso.

-Llevabas seis puertas grandes en Valencia y una última tarde no menos triunfal. Dicho así supongo que te gustarán los números.

-Los números no me han gustado nunca, ni siquiera en el colegio, pero hay que reconocer que sí tienen su importancia, pero a mí me gustan más las emociones. En un mundo en el que te estás jugando la vida constantemente no es bonito pensar en los números. Ni siquiera en los triunfos. Lo bonito es expresarte, ese es el mayor triunfo que puede haber.

Foto: Joserra Lozano

-Las últimas tendencias del toreo miran a otros estilos, la moda son los llamados toreos de arte.

-Desde que soy novillero, de vez en cuando, las miradas se van hacia otros toreros. Es normal y aunque la esencia siempre tiene que ser la de uno, los toreros debemos estar en una renovación continua para que el público, que es quien manda, tenga la curiosidad y la ilusión de volver a verte.

-¿Cuál ha sido la evolución, en qué eres mejor este año que el anterior o el anterior del anterior?

-Me siento más reposado en la plaza y en la vida, pienso más las cosas para tomar las decisiones. Me siento tranquilo conmigo mismo y quieras que no eso se refleja delante del toro. La felicidad y la pasión con la que uno afronta la vida aflora en el reto de la plaza.

-¿Eres celoso?

-Depende de en qué, pero no en exceso.

-Profesionalmente.

-Cuando uno está dispuesto y se entrega no hay celos, si algo está para ti es para ti. Los celos no son buenos ni para el toreo ni para la vida.

Foto: Joserra Lozano

INTIMIDAD, SOLEDAD

-La música callada del toreo.

-No lo he escuchado… ¿me lo explicas?

-Es el título de una obra de José Bergamín, se refiere a las sensaciones de intimidad, a la música que se escucha con los oídos del corazón…

-Es hermoso ese pensamiento, sí. Te diré que la intimidad es lo que nunca debe perder un artista. Cuando uno está en la intimidad y tiene tiempo para sí mismo es la mejor forma de conocerse. El artista necesita un más allá y ese más allá para mí es la soledad, la intimidad, estar tranquilo y pensar, tanto en mi vida como en el toreo. En ese ambiente es cuando surge lo que realmente piensas tú, cuando aparecen en tu cabeza la imágenes de lo que de verdad quieres sin influencias de nada ni de nadie. Solo vale tu corazón.

“Cuando uno está dispuesto y se entrega no hay celos, si algo está para ti es para ti. Los celos no son buenos ni para el toreo ni para la vida”

-Al hilo de la música elige, ¿violines o percusión?

-Dame la muleta.

-¿A qué son la volamos?

-Como dice la canción de José Alfredo Jiménez, despacito, muy despacito.

-¿Cómo has encontrado al público este año, más exigente, más receptivo…?

-La exigencia siempre está ahí. El público quiere ver lo mejor de ti. Y es bonito que te exijan porque creen que puedes dar cada tarde una faena especial. A mí me gusta la exigencia, me motiva. Creo que es muy importante, te ayuda a evolucionar y a no quedarte dormido.

-¿El halago te adormece?

-El halago de vez en cuando no viene mal. En un mundo de tanta exigencia como el nuestro que de vez en cuando te lo canten te estimula. Lo malo es todos los días halago o todos los días sobre exigencia. Todo exceso es dañino. Por eso debes centrarte en ti mismo, por eso te hablaba de la conveniencia de la intimidad y de la soledad, porque esos momentos contigo mismo te ayudan a situarte.

-Se habla mucho de la disciplina obligada de los toreros, de la necesidad de cuidarse. Los clásicos casi piden que seáis monjes.

-El toreo se ha puesto a unos niveles y hay tanta exigencia que no puedes quedarte dormido. Hay que evolucionar y para lograrlo se necesita mucha ambición. Todo lo grande lleva detrás un gran sacrificio y el toreo no es una excepción.

-¿Entonces entre moje y salidor?

-Equilibrio. Yo no elegí ser monje, yo elegí ser torero pero me cuido al máximo, respeto mi profesión e intento estar pendiente de ella. De otra forma cada vez que saliese a la plaza me sentiría mal. Puedes estar distraído un día y salirte bien las cosas, pero un día, eso no tiene futuro, aquí no caben las distracciones.

“Los toreros debemos estar en una renovación continua para que el público, que es quien manda, tenga la curiosidad y la ilusión de volver a verte”

-¿Alguna vez saliste a la plaza creyendo que te habías distraído?

-Nunca. Siempre he respetado mucho mi profesión y la sigo respetando. He podido cometer errores técnicos, errores propios de mi edad pero siempre antepuse los valores que me inculcaron desde niño sobre la disciplina, la entrega, la pasión por el toro. Sería incapaz de ir a la plaza desentrenado, antes preferiría no torear esa tarde. Me gusta llegar a la plaza y sentirme pletórico, al cien por cien, mentalizado y dispuesto a lo que sea.

-¿A lo que sea qué es?

-A todo, lo puedes imaginar.

-¿El toreo se explica o simplemente sucede?

-El toreo hay que conocerlo. Queda claro que son sentimientos y como tales son muy difícil de explicarlos, te gusta o no te gusta. Si no te llega al corazón, es difícil de entender y de apreciar aunque te lo cuenten mil veces y si te llega no hacen falta explicaciones.

-Ahora vienen Sevilla y Madrid.

-Ahora hay que pensar en Sevilla y luego hay que pensar en Madrid aunque en realidad todo el año estás pensando en las dos. Son plazas especiales donde siempre suceden cosas especiales.

-Hay que torear con la cabeza y luego dejarse llevar por el corazón… Esa es una reflexión tuya de otras charlas que mantuvimos. ¿Alguna vez te olvidaste de la cabeza?

-Tus sentidos tienen que estar activados a todo lo que tienen alrededor pero hay un momento en el que aunque tu cabeza esté pensando es tu corazón quien está toreando. Una vez te has acoplado a la embestida habla el corazón y surge la magia del toreo y eso es lo que llega al público.

-¿Alguna vez perdiste la cabeza, alguna vez te tuviste que decir qué estoy haciendo?

-Alguna vez me he ido a la puerta de chiqueros y sí -aquí sonríe abiertamente- que de camino, cuando iba por medio de la plaza, me he dicho qué estoy haciendo, pero ya no podía volverme, así que… Cuando el corazón quiere algo no hay nada que pueda con él.

-¿Y alguna vez tuviste ganas de largarte del hotel, de volverte a casa?

-De largarme, no, pero sí de desear que fuese otro día. Son momentos que le pasan a todo el mundo. Eres humano y tienes días buenos y de los otros.

OLVIDARSE DEL CUERPO

-Si tú te olvidas de tu cuerpo, parece que el toro también se olvida… Esa es una reflexión tuya.

-Cuando tu entrega es absoluta yo creo que el toro lo siente y cede. Del mismo modo que cuando tienes dudas el toro lo nota y se crece, cuando estás muy seguro también lo nota. Al fin y al cabo es un ser vivo.

-“El miedo se supera pensando en lo peor. Qué es lo peor, la muerte… pues si la asumes se acaba el miedo”… Esa es otra reflexión tuya, ¿te mantienes en ello?

-Sí, sí. El miedo está ahí y hay que buscar la forma de superarlo y para mí la forma es esa, pensar en algo más allá. Algunos me creerán un poco loco o quizá directamente no me crean, pero esa es la verdad, cuando uno supera con la mente lo que pueda llegar a pasar en la plaza, y lo peor es la muerte, lo otro deja de darme miedo.

-Eso es tener valor.

-El valor no es algo que se tenga o no se tenga, es algo que se va haciendo a partir de la mentalización y de la entrega.

-Si tú lo dices.

Foto: Joserra Lozano

Roca Rey, de puertas para dentro

El traje de luces es su segunda piel, faltaría más, y la cuida hasta el último detalle. Entre otros, los colores. Este año ha apostado mucho por los granas, especialmente el sangre de toro, también por el azul marino y el tabaco… Cinco, de momento, tiene colgados en casa a punto para estrenar en las grandes ferias o en los grandes días.

-Me estoy inclinando por los oscuros quizá porque no me los estaba poniendo últimamente y ahora me llaman más la atención.

-¿Qué color no te harías?

-Quizás un verde manzana y azabache…

-¿Por qué, por feo?

-Porque es horrible.

-¿No tienes supersticiones?

-Tuve una, no sé si contarla… bueno, te la cuento, no quería saber nada del rosa y oro pero este año me dije: “Me voy a hacer uno”. Lo estrené en Valencia y la verdad es que me fue bien.

-Así se acaban la supersticiones.

-Se van unas y llegan otras.

-Por cierto, llevas las chaquetillas muy cortas, ¿por qué?

-Este año no tanto. Simplemente me gustaban así.

-¿Qué guardas en las vitrinas de casa?

-Cabezas de toro en las paredes, trofeos… Me gustaría arreglar de una forma bonita mi casa. Siempre digo, a fin de año lo arreglo todo, pero nunca lo hago.

“Me gusta la compañía cuando yo la elijo y me gusta la soledad cuando yo la decido”

-¿Qué haces un día de corrida?

-Si es por la tarde me suelo levantar a la una o las dos, desayuno muy fuerte y a las dos horas o así, me visto y a la plaza.

-Te ahorras la siesta.

-Es que no me gusta. Primero porque la responsabilidad no me deja dormir en esos momentos pero en cambio sí me deja dormir por la noche y la mañana, esa facilidad sí la tengo y la aprovecho. Es como si llevase el horario americano, me acuesto tarde y me levanto tarde. Los días que toreo hay veces que mis papás se levantan en Perú antes que yo en España. En temporada hay que hacer lo que más te convenga y cuanto menos te esfuerces antes de torear mejor, hay que llegar con frescura y descansado a la plaza.

-¿Soledad o compañía en las previas?

-Me gusta la compañía cuando yo la elijo y me gusta la soledad cuando yo la decido. No me gusta nada cuando tengo que pasar por ella como algo inevitable. Es muy importante cuando uno la quiere, pero es horrible cuando estás solo porque no tienes con quién estar.

Foto: Joserra Lozano

-Siempre se puede recurrir a la música.

-Puede ayudar, sí. A mí me gusta el flamenco pero no el puro, me gusta también el reguetón y me gustan muchísimo las rancheras, es lo que más me llega al corazón.

-¿Y la lectura?

-Ahora sí leo. Antes no me gustaba.

-¿Qué estás leyendo?

-Lo último la vida de Luis Miguel Dominguín, el número uno, de Andrés Amorós.

-Tú tienes en la plaza gestualidad dominguinesca.

-Eso quisiera, era un grande, tenía mucha personalidad.

-Pues la tienes.